Los niños: la gran asignatura pendiente

“Todos hemos sido niños. Y todos deseamos contribuir al bienestar de nuestros niños, que siempre ha sido y seguirá siendo el anhelo más universal de la humanidad”, asegura Naciones Unidas encabezando el contenido de este Día Universal del Niño, que se celebra cada 20 de noviembre.

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Los niños forman parte importante de las ceremonias de Simboliza (www.simboliza.org). Para ellos y por ellos están pensadas las celebraciones de ‘Enraizamiento’ (10 años) y ‘Uso de razón’ (7 años). En ambas, se festeja y agradece la individualidad del niño en edades determinantes para su desarrollo y el florecimiento de su ser y sus capacidades. Niños como futuro, niños como corazón de la sociedad, niños como el legado más valioso que se puede dejar a la Tierra.

Como asegura Unicef en relación a este Día Internacional del 20 de noviembre, “ayudar a que los niños y niñas desarrollen su pleno potencial constituye una inversión en el progreso de toda la humanidad. Cuando se invierte en la infancia, se conquistan más velozmente los objetivos del desarrollo”.

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Entre los ‘Ocho objetivos de Desarrollo del Milenio’ firmados en la Cumbre del Milenio del 2000 figura una Enseñanza Primaria universal para los niños del mundo en 2015; también, desde luego, la reducción de la mortalidad, que (en cifras oficiales) bajó en 2012 a unos 6,6 millones, brutal cantidad aún aunque, sin embargo, supone la mitad de las defunciones infantiles registradas en 1990.

En datos de Unicef, uno de cada tres niños en países del mundo en desarrollo (500 millones de niños en total) carece de acceso a instalaciones sanitarias; uno de cada cinco no dispone de agua potable en sus hogares; más de 140 millones de niños y niñas no han asistido nunca a la escuela.

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Los niños son el futuro, caminarán por la senda que, ahora, nosotros trazamos y abrimos. Los niños nos enseñan, nos hablan de la inocencia, de la felicidad sin prejuicios, del amor incondicional. Los niños son nuestros grandes maestros en este mundo pero, también, la población más vulnerable. Reconocerles en nuestras vidas, valorarles y amarles en su justa medida, acompañarles en su crecimiento y compartir su sabiduría supone reconocernos a nosotros, a cada uno de nosotros, y mirar hacia nuestro lado más amoroso, compasivo, sensible, humano, integrador, completo.

 

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